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Constituciones que la madre Teresa de Jesús dio a las Carmelitas Descalzas (Ebook)

  • Teresa de Jesús, Santa , Santa, (aut.)
  • (31/08/2010)
  • Langue: Espa├▒ol
  • ISBN: EB9788499530154
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Formato: Epub DRM

Constituciones que la madre Teresa de Jesús dio a las Carmelitas Descalzas es uno de los textos constitutivos de la Orden de las carmelitas descalzas. Fragmento de la obra De la orden que se ha de tener en las cosas espirituales Los Maitines se digan después de las nueve, y no antes, ni tan después que no puedan, cuando sean acabados, estar un cuarto de hora haciendo examen en qué han gastado aquel día. A este examen se tañerá; y a quien la madre priora mandare, lea un poco en romance del misterio en que se ha de pensar otro día. El tiempo en que esto se gastare, sea de manera que al punto de las once hagan señal con la campana y se recojan a dormir. Este tiempo de examinación y oración tengan todas juntas en el coro. Y ninguna hermana salga del coro sin licencia después de comenzados los oficios. El verano se levanten a las cinco, y estén hasta las seis en oración. En el invierno se levanten a las seis, y estén hasta las siete en oración. Acabada la oración, se digan luego las Horas hasta Nona, salvo si no fuere día solemne, o santo que las hermanas tengan particular devoción, que dejarán Nona para cantar antes de misa. Los domingos y días de fiesta se cante misa, y Vísperas y Maitines. Los días primeros de Pascua (y) otros días de solemnidad podrán cantar Laudes, en especial el día del glorioso, San José.

Santa Teresa de Jesús (Ávila, 1515-1582). España. Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515, hija de los nobles Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila de Ahumada. En la casa donde nació se alza en la actualidad la iglesia conventual de Santa Teresa, construida por los carmelitas a inicios del siglo XVII. En su obra, santa Teresa habla de los efluvios del amor divino que experimentó ya en la niñez y juventud. Santa Teresa también tuvo en su juventud gran pasión por la lectura, en especial de libros de caballerías, al menos hasta que tomó votos como monja. A los doce años perdió a su madre, y a los dieciséis su padre la ingresó en el convento de Santa María de Gracia. Posteriormente, en 1534 (a los diecinueve años de edad), Teresa profesó en el convento carmelita de la Encarnación de Ávila. Poco después cayó gravemente enferma, y estuvo una temporada en un balneario de aguas medicinales. Al parecer, su salud estuvo marcada por periódicos episodios en que experimentaba algún tipo de éxtasis paroxístico que, en ocasiones, le hacían perder el sentido. Este extraño trastorno se ha asociado con el misticismo que caracteriza parte de su obra, pero también ha sido interpretado parcialmente como una muestra no tanto de trance místico, sino de asomo pudoroso de cierta incontinencia de la libido. En una carta a un hermano, también afectado por este tipo de arrobamientos místicos, le dice: "¡Bueno anda Nuestro Señor! Paréceme que quiere mostrar su grandeza en levantar gente ruin. Sepa que ha más de ocho días que ando de suerte, que, a durarme, pudiera mal acudir a tantos negocios [se encuentra en plena actividad de reforma de la Orden]. Desde antes que escribiese a vuestra merced me han tornado los arrobamientos, y me ha dado pena: porque ha sido en público... Ni basta resistir, ni se pueden disimular. Quedo tan corridísima, que me querría meter no sé dónde. Harto ruego a Dios que me quite esto en público: pídaselo vuestra merced...". La labor conventual de santa Teresa se dirigió a un reformismo espiritualista que intensificó el enclaustramiento y la vida en el interior de los conventos. Creadora de la suborden de las carmelitas descalzas, su primer convento fue el de San José, fundado en 1562, en Ávila. Para ello obtuvo la colaboración de sus familiares y otros nobles (entre ellos, la duquesa de Alba). También obtuvo ayuda de religiosos, como san Juan de la Cruz, a quien la unieron la fe y también la amistad y la literatura. La creación de la orden reformada (o de las descalzas) no estuvo exenta de obstáculos, ya que fue causa de conflictos con autoridades civiles y eclesiásticas, y hasta le valió una pena de reclusión en Toledo y un proceso inquisitorial que, finalmente, no prosperó. Dedicada a implantar y consolidar su Orden, así como a la escritura, la vida de santa Teresa transcurrió en ambientes conventuales hasta su muerte, el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años de edad. Fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622, y es habitual referirse a ella como santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Jesús.


 

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